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CHIHUAHUA

Chihuahua

La ciudad de Chihuahua, actualmente capital administrativa del estado del mismo nombre, fundada por la corona española en el noroeste del Virreinato de la Nueva España, en la Provincia de la Nueva Vizcaya. Desde su origen tiene dos peculiaridades que la diferencian de otros asentamientos de la región: una es que su establecimiento es tardío, comparado con otros poblamientos españoles de similar importancia; fue instituida como El Real de San Francisco de Cuéllar, el día 12 de octubre de 1709. La segunda característica inusual es que, siendo un Real de Minas de origen, se encuentra relativamente alejado de los riquísimos yacimientos mineros de la Sierra de Santa Eulalia que dieron lugar a su fundación. El nuevo asentamiento se ubicó en las cercanías de la confluencia de los ríos Chuvíscar y Sacramento, en donde abundaba el agua para el beneficio de minerales y para el desarrollo de una nueva ciudad. Nueve años después el Marqués de Balero, Virrey de la Nueva España, decretó erigir El Real de San Francisco de Cuéllar en Villa, dándole el nombre de San Felipe El Real de Chihuahua, el día 1º de octubre de 1718.

 

El primer siglo de vida de Chihuahua fue también el último siglo de la época virreinal. A partir de la segunda década del siglo XIX, México pasó a ser un país independiente y la ciudad de Chihuahua transitó, como todo el país, por una época convulsa que frenó y dificultó su crecimiento material, económico y, por lo tanto, urbano. No fue sino hasta el último tercio del siglo XIX, la época del porfiriato, que un ambiente de relativa paz social, un proyecto político encabezado por el régimen de Porfirio Díaz y cuantiosas inversiones de capitales extranjeros, empezaron a cambiar la fisonomía de los centros urbanos, que entraron de golpe y a una velocidad acelerada a la lógica de la nueva modernidad creada por la segunda revolución industrial.

Al término de la lucha armada, en 1920, inicia el primer gobierno constitucional del Estado de Chihuahua y con él, una nueva transformación de la ciudad. Los márgenes de la mancha urbana se mantenían entre el cauce del Río Chuvíscar, la actual Avenida 20 de Noviembre, el Río Sacramento y, por último, el acueducto virreinal en su cruce con la Avenida Zarco. Este periodo de dos décadas se caracteriza, en el campo de la cultura, las artes y la arquitectura mexicana, por la búsqueda de un lenguaje formal cargado de sentido para una nueva mexicanidad creada por el movimiento revolucionario de 1910 y por las corrientes internacionales, producto de las postrimerías de la Primera Guerra Mundial y el movimiento funcionalista naciente en Europa. 

 

Encontramos en nuestra ciudad ejemplos de estilos arquitectónicos tan disímbolos como el nacionalismo revolucionario, historicismo, neocolonial español, colonial californiano, Art Decó. El Cine Colonial, el Cine Azteca, el Templo del Sagrado Corazón, el Edificio de Seguros La Nacional son una pequeña muestra de esta diversidad. En el terreno de la urbanización, el concepto tradicional de barrio empieza a ser sustituido por las nuevas colonias y, años después, por los fraccionamientos.

Simultáneamente se empieza a formar una corriente teórica producto de influencias internacionales del Movimiento Moderno y de arquitectos que, como el Arq. José Villagrán García en la Academia de San Carlos, formarían a las primeras generaciones de arquitectos funcionalistas mexicanos con una nueva idea del rol que el arquitecto debía jugar en la creación del bienestar social del nuevo México moderno. La ciudad de Chihuahua empieza a experimentar con una primera generación de profesionistas pioneros de una arquitectura que responde más a resolver espacios que funcionen con racionalidad, dejando de lado la ornamentación y privilegiando las formas geométricas puras. El uso de nuevos materiales como el concreto armado aporta una amplia gama de posibilidades de construcción y prepara el terreno para las grandes obras que se hacen en nuestra ciudad en la siguiente década: 1940-1950, los inicios del Movimiento Moderno.

 

Arq. Esther Alicia Portillo Enríquez